El dato de la recaudación que el Gobierno no pudo festejar: junto con la caja de ANSES, se caen jubilaciones

Pese a la recuperación de la recaudación fiscal, fue negativo el dato en el rubro seguridad social, clave para determinar los futuros aumentos jubilatorios

El festejo oficial por el aumento en la recaudación impositiva de marzo -séptima variación consecutiva por encima de la inflación- trajo, una vez más, datos negativos cuando se hace la lectura entrelíneas. Sobre todo, que los factores que inciden en la nueva fórmula jubilatoria muestran un mal desempeño, al punto que el Gobierno podría verse obligado a recurrir a bonos extraordinarios si es que no quiere convalidar una fuerte caída de las jubilaciones en términos reales.

Por un lado, el aumento de 72% en la recaudación fiscal respecto del año pasado implica una confirmación contundente de que la economía está experimentando un fuerte rebote en comparación con el momento más duro de la cuarentena. Pero- deja también al descubierto lo que más preocupa al Gobierno: que la mayor parte de la mejora se explica más por el inesperado boom agrícola que por una suba en la inversión de las empresas.

Los números son contundentes al respecto: las retenciones a la exportación crecieron un impactante 145,7%, en un mes en el que, habitualmente, todavía no se siente en toda su plenitud el impacto de la venta de la cosecha.

Pero hay siempre una parte oscura en estas buenas noticias. En este caso, es la confirmación de que la recaudación ligada al sistema de seguridad social sigue en terreno negativo. A pesar de la “moderada recuperación” que marca el comunicado oficial del ministerio de Economía, no pudo dejar de marcarse uno de los mayores flancos débiles: la recaudación ligada a las contribuciones de patrones y trabajadores tuvo una variación de 34%.

Es decir, cayó un 5% en términos reales en marzo, cuando se lo compara contra el mismo mes del año pasado. Si la comparación se hace tomando el primer trimestre completo, el resultado es todavía más feo: una suba nominal de 28%, lo cual da una caída real de 9% cuando se depura el efecto inflacionario.

Bonos para emparchar la pérdida jubilatoria

No es que lo ocurrido sea una sorpresa para nadie. Pero hay un detalle importante: este nivel de recaudación es mucho más que una estadística, sino que es ahora un determinante para el pago de las jubilaciones y pensiones.

De acuerdo a lo establecido por la ley que se sancionó a fin de año, y que cambió la fórmula macrista de indexación jubilatoria, ahora el indicador fundamental ya no será la inflación, sino que el haber jubilatorio se determinará mitad por la evolución salarial y mitad por los ingresos de la Anses.

A diferencia de las fórmulas que simplemente aplican la inflación pasada –y, por lo tanto, el valor de las jubilaciones mantenga relativamente su capacidad de compra incluso en años recesivos-, esta nueva ley ata el poder adquisitivo de los jubilados al comportamiento general de la economía.

A pesar de la mejora en la recaudación tributaria, los rubros vinculados a la seguridad social siguen cayendo frente a la inflación

Es lo que los expertos llaman una fórmula “pro-cíclica”: en los años en los que crece la actividad –y por lo tanto aumenta el empleo, el salario y el ingreso de Anses-, entonces los jubilados tendrán una mejora que excederá el incremento del costo de vida. Pero cuando ello no ocurra, la jubilación evolucionará por debajo de los precios, de forma tal que ese sector de la población hará las veces de variable de ajuste.

Este punto había sido el centro del debate parlamentario cuando se aprobó la nueva ley. Mientras la oposición argumentó que, en las actuales circunstancias, la reforma iba a implicar una caída de las jubilaciones en términos reales, los legisladores oficialistas afirmaron que ello no ocurriría, por la fuerza de la recuperación económica.

“Los salarios se van a incrementar, vamos a tener una fórmula virtuosa. Dennos tiempo, cuando lleguemos a fin de año vamos a ver si las jubilaciones crecieron ocho o diez puntos respecto a la inflación”, había defendido el diputado oficialista Carlos Heller.

Pero esa argumentación llevaba implícito que, para que las jubilaciones pudieran crecer tenían que ocurrir dos condiciones que están seriamente en duda: que aumente la recaudación de la Anses y que, además, haya una mejora de los salarios.

Por lo pronto, esto no está ocurriendo, y es por eso que el Gobierno debió recurrir al pago extraordinario de sendos bonos de $1.500 en abril y en mayo, a modo de compensación por la pérdida que ya empieza a dejar el cambio de fórmula. De manera que se llegará al próximo ajuste con una mínima de $22.071.

Claro que esa ayuda no será para todos, sino para los que cobren hasta $ 30.856 por mes. El costo fiscal de la ayuda será de $21.000 millones. El año pasado, según estimó la oposición, la suspensión de la fórmula macrista le había permitido al Gobierno un recorte de $100.000 por jubilaciones.

El Gobierno destacó que, con esta última medida, se logra una cobertura de los ingresos. De todas formas, las estadísticas no ayudan al discurso oficial. La canasta básica de los jubilados, según el cálculo de la Defensoría de la Tercera Edad, se ubica en $64.000, por encima de los $58.000 de la canasta general, debido al impacto de los costos de cuidados de la salud.

Malas perspectivas para los próximos ajustes

Para el próximo ajuste, previsto para junio, se deberán tomar en cuenta la variación de la recaudación de Anses de este primer trimestre y la de los salarios. Todo indica que será necesario seguir recurriendo a bonos extraordinarios.

Esto ocurrirá porque los dos componentes de la fórmula tendrán variaciones a la baja en términos reales. El primer trimestre de los ingresos por seguridad social ya marcó una caída de 9% y, aunque el empleo está aumentando, eso no implica que la recaudación de la Anses siga el mismo camino.

De hecho, un fenómeno que están notando los economistas es que el mayor incremento en la creación de trabajo se está dando entre los cuentapropistas y en el sector informal, pero que en cambio viene mucho más rezagada la recuperación del trabajo en blanco en empresas formales, debido al peso tributario que recae sobre las pyme.

Matías Surt, economista de la consultora Invecq, señaló que si el dato oficial de desempleo no es más grave es simplemente porque hay gente que ya desistió de buscar trabajo y entonces, para la estadística oficial, no es desempleado porque no pertenece a la población económicamente activa.

Por eso, sugiere poner el foco en la tasa de empleo -que mide la gente que trabaja respecto del total de la población total. Sobre fin del 2020 marcaba un 40,1%, lo cual es una mejora importante respecto del mínimo histórico de 33,4% -el cierre estricto de la cuarentena- pero que sigue estando casi tres puntos por debajo del nivel existente cuando Alberto Fernández asumió la presidencia.

Y no deja un mensaje optimista para el futuro: “Los datos mensuales del Ministerio de Trabajo (mira solo el empleo registrado) lucen preocupantes. El comportamiento mensual dentro del último trimestre del año pasado indica que la dinámica entre septiembre y diciembre fue negativa para todas las formas de empleo privado registrado.

El salario tampoco ayudará en la fórmula

Pero, además, tampoco hay buenas perspectivas para que el otro componente de la nueva fórmula ayude a los jubilados: el salario. A pesar de que, con la firma de paritarias, hay gremios que lograron atenuar la pérdida sufrida en 2020, la estadística sigue mostrando una caída del poder adquisitivo.

Según el último dato del Indec, el índice de salarios viene aumentando a un ritmo de 29,6%, lo que implica una caída real de 6% en el promedio. Y en el arranque del año, ya hubo motivos para la preocupación: mientras la inflación mensual se ubicó en 4%, los salarios la corren desde atrás a un 3,3%.

Los salarios, con riesgo de volver a perder capacidad de compra, según los pronósticos de la City

A juzgar por lo que están pronosticando los economistas, no va a haber muchas posibilidades de mejora tampoco en ese rubro. De hecho, el Gobierno sigue dando señales -por ejemplo, en la negociación por el ajuste del salario mínimo– de que quiere que haya ajustes de sueldo no muy por encima del 30%, mientras el consenso de los economistas es que la inflación se ubicará bien por encima del 40%.

Un reciente informe de Consultatio -una de las pronosticadoras más influyentes en la City porteña- plantea que para agosto -es decir el escenario en que se celebrarán las elecciones primarias- los salarios tienen altas chances de sufrir una caída en términos reales.

Según Consultatio, aun en un escenario en que la inflación mensual logre entrar en un sendero de desaceleración, no logrará estar por debajo del 2% mensual y, para el momento pre-electoral, el efecto estadístico de la comparación con el año pasado dará una inflación anual muy alta.

“En ese contexto, los salarios de los trabajadores registrados podrían estar creciendo 5 puntos por debajo de la inflación en los meses cercanos a las elecciones. Aunque es verdad que muchos acuerdos salariales tienen cláusula de revisión, también es cierto que la mayoría de ellos son a partir de septiembre”, destaca la consultora.

En todo caso, esto parece confirmar el argumento de quienes criticaron la llegada de la nueva fórmula de indexación jubilatoria: la mayor probabilidad es la de una nueva caída en el poder adquisitivo.

¿Qué tan grave puede ser la situación? Según la Fundación Mediterránea, con una inflación de 51,1% las jubilaciones correrían de atrás sólo aumentarían nominalmente un 39,5% -una pérdida real de 8%- mientras que si el panorama fuera más complicado y la inflación llegara al 58,5%, las jubilaciones apenas se moverían 36% -una pérdida real de 14 puntos-.

Lo cual deja al Gobierno en una situación incómoda desde el punto de vista político -dado el contexto electoral- y además pone en riesgo uno de los objetivos fundamentales del plan económico, que era el impulso al consumo.

Es el lado oscuro de los números que festeja el Gobierno: confirman que hay un rebote, pero también que los jubilados serán la variable del ajuste. A no ser que el pago de bonos extra deje de ser una excepción y se transforme en la rutina del año.

Por un lado, compensaría la pérdida contra la inflación, aunque también supondría, tácitamente, un reconocimiento sobre los errores en su propio argumento para cambiar la fórmula jubilatoria.  

Fuente: iprofesional.com,

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